
Le han dado el premio entre los premios a Don Mario, y yo me alegro sobremanera, porque es un gran escritor y porque a mis tiernos catorce años me enseñó indirectamente lo que era la literatura.
Acababa yo de llegar a un instituto, el INB Gregorio Marañón, y estaba estrenando mi libertad de movimientos, iba andando, entraba y salía sin dar explicaciones, no estaba atado al bus escolar, ni a los muros frontera de un colegio. Y en clase de literatura se dio a elegir de una lista un relato para leer, en la lista estaba "
Los cachorros" de Mario Vargas Llosa.
Tal vez porque en mi casa ya había visto a mi madre leer un libro de este mismo autor llamado "La guerra del fin del mundo" y el nombre del autor me era vagamente conocido, o por casualidad, o por vaguería, pues era el relato más corto de los propuestos. El caso es que me lo leí.
No es que hasta ese momento hubiera leído una literatura, digamos menor, puesto que ya me había tragado muchos libros de la biblioteca familiar supuestamente infantiles o juveniles ,cosa realmente discutible, como "Tom Sawyer" de Mark Twain, "Sandokan" de Emilio Salgari,"Colmillo blanco" de Jack London o "Moby Dick" de Herman Melville, por citar unos pocos ,no cuento aquí las decenas de libros de "Los tres investigadores", "los cinco" o "Los siete secretos" que me "Zampé". Pero "Los cachorros" me produjo un verdadero impacto, el impacto de reconocer la forma sobre la historia, fue la primera vez que sentí que estaba leyendo LITERATURA.
Esta historia breve en si, de un muchacho que sufre un accidente, un perro le muerde en la entrepierna privándole de parte de su anatomía, y lo que posteriormente paso en su barrio, en su ciudad, con sus amigos y su persona.¡ESTABA ESCRITA SIN SIGNOS DE PUNTUACIÓN! en algunos pasajes, pero se entendía perfectamente, la historia corría, volaba en mi cabeza, y comprendía el todo narrado mucho mejor que sus partes, y además para un chico de un barrio de el Madrid de los ochenta, la novela era fácilmete trasladable a su realidad, ese barrio que ahora era mi nueva frontera, o esa lucha social "micro y macro" entre amigos,compañeros, vecinos, padres, profesores...
Y descubrí la literatura, y entonces comprendí que Twain,Salgari,London y Melville se destacaban de otros, que la historia puede ser un excusa, que la forma es lo más difícil, que la poesía es la destilación final de este proceso y que la idea pesa más en la novela que en esta, que se puede leer una historia incluso en niveles en los que ni el propio autor había planeado.
Pasados los años coincidí en varios bares de Madrid con la hija de Don Mario, Morgana. Una chica parecida físicamente a su padre, y en todo caso deslumbrante en su aspecto, no era una chica guapa, pero si tenía un brillo especial, tal vez el nombre tan sonoro y diferente, ese color de piel tan "indiano", y una sonrisa abierta y llena de dientes, la destacaban entre su entorno de niños pijos de Madrid.
En uno de nuestros encuentros en la noche de Madrid me contó que era peruana, y yo, que sibilinamente no le dije que me sabía su apellido, me pasé media hora glosando las maravillas de un escritor se su país...Alfredo Bryce Echenique. A ella pareció sorprenderle que alguien le hablase de literatura Peruana y no mencionase a su padre de pasada. Esta pequeña trampa me reportó media hora de su atención.
Posteriormente me la encontré varias veces en la noche de Madrid, pero la última vez que la vi fue en unas circunstancias un poco embarazosas para mi, ella ya había crecido y era fotógrafa del País, y se tropezó de nuevo conmigo en un reportaje que hizo el periódico en la sede madrileña de Proyecto Hombre, cuando la vi me puse nervioso, pero al fin resolví saludarla y comprobar si se acordaba de nuestros fugaces encuentros, se acordaba y tuvo la educación de no preguntar que hacía yo allí, tan solo me sonrió como su heredada anatomía es capaz de hacerlo.
Este post me lo ha inspirado
este artículo de prensa, en el que el propio Don Mario habla de sus comienzos.
Es curioso como la vida nos cruza con la de otros, directa e indirectamente, como la literatura habla de esto, como las historias están ahí para nosotros, para que nosotros decidamos que hacemos con ellas y para que estas sensaciones las lean otros, que tal vez en el futuro descubran ese momento como algo especial en sus vidas...aunque los causantes ni lo recuerden ni lo pretendiesen.