
El 15 de octubre asistí a la manifestación de "indignados" de Madrid, y me quedé con las ganas de gritar mi consigna, seguramente por esa vergüenza que nos da el convertirnos en voceros no secundados, además a esto se une que lo que yo quería gritar temía que no fuese comprendido por "la masa".
Ahora, reflexionando, creo que hice mal, puesto que si algo caracteriza esta protesta es la diversidad de consignas, muchas realmente ingeniosas y profundas. Así que si la primera excusa para no vocear es comprensible y hasta disculpable, la segunda es puramente estúpida por mi parte.
La consigna que debería haber llevado en mi pancarta, y que prometo llevar el sucesivas convocatorias es la siguiente:
¡MUERTE AL HISTORICISMO!
¿Qué es el historicismo?, mejor lo pongo en palabras de un filósofo, para que se comprenda mejor.
"Se halla ampliamente difundida la creencia de que toda actitud verdaderamente científica o filosófica, como así también toda comprensión más profunda de la vida social en general, debe basarse en la contemplación e interpretación de la historia humana. En tanto que el hombre corriente acepta sin consideraciones ulteriores su modo de vida y la importancia de sus experiencia personales y pequeñas luchas cotidianas, se suele decir que el investigador o filósofo social debe examinar las cosas desde un plano más elevado. Así, desde su ángulo se ve al individuo como a un peón, como un instrumento casi insignificante dentro del tablero general del desarrollo humano. Y descubre entonces que los actores realmente importantes en el Escenario de la Historia son, o bien las Grandes Naciones y sus Grandes Lideres, o bien, quizá, las Grandes Clases, o las Grandes Ideas. Sea ello como fuere, nuestro investigador tratará de comprender el significado de la comedia representada en el Escenario Histórico y las leyes que rigen el desarrollo histórico. Claro está que si logra hacerlo será capaz de predecir las evoluciones futuras de la humanidad. Podrá, así mismo, dar una base sólida a la política y suministrarnos consejos prácticos acerca de las decisiones políticas que pueden tener éxito o que están destinadas al fracaso." Karl Popper (La sociedad abierta y sus enemigos, cap. I El historicismo y el mito del destino)
Es decir, se empeñan en hacernos creer que conocen los resortes sociales y económicos que nos harán salir de esta crisis, y constantemente nos amenazan con que si no actuamos como ellos dicen las consecuencias serán peores que sus inestimables medidas.
Desde que comenzó la crisis, he leído infinidad de información económica, he redoblado mis esfuerzos por comprender lo que está pasando, he intentado estudiar y lidiar con las teorías económicas y con las teorías sociales para poder hacerme una idea, aunque fuese aproximada, de lo que pasa y de sus posibles soluciones.
Y muy a menudo me he encontrado con ideas historicistas en el corpus último de las teorías de los neoliberales que nos gobiernan. Desde que
Francis Fukuyama escribió su libro
"El fin de la historia y el último hombre" se dio la salida a una carrera que se juega en un campo muy restringido, en el que a penas caben otras teorías económicas que las liberales para la resolución de crisis.
En definitiva, ni se enteran, ni se dan por enterados, continúan adelante en una huida que solo lleva a dos escenarios posibles según mi modesto entender. O ahondan la crisis con sus
decisiones cortoplacistas, o lo que es peor, salvamos la crisis, pero al precio de una sociedad más polarizada aun, en la que unos pocos ricos, ya sean personas físicas y/o jurídicas, poseerán una cantidad obscena de la riqueza, y los demás casi no tendremos nada.