Salta de la cama al suelo, ha oído un ruido, suavemente y conteniendo la respiración se desliza hacia la ventana, mira sabiendo que hay mas luz fuera que dentro. No ve nada, la calle esta vacía, la noche es sofocante, son las cinco de la madrugada y el poste horario de la plaza marca 32º, vuelve a la cama y se tumba boca arriba. El sudor mantiene las sabanas calientes y fofas. Esta vez el sonido ha sido mas claro, no ha podido imaginarlo, ya vienen, esta vez ya no tiene cuidado de no hacer ruido, se levanta de un salto y se viste todo lo deprisa que puede, sale al descansillo y sube un piso y se queda mirando desde arriba su puerta, el corazón late con fuerza y se pregunta si no podrán oírlo.
Llegan a la puerta y la aporrean, esta claro que no tienen intención de marcharse sin lo que han venido a buscar. El mas grande de los tres comienza a cargar contra la puerta, los otros dos le secundan, pero es este quién tras media docena de intentos dobla la puerta astillando la madera a la altura de la cerradura, otro empujón y ya están dentro.
No sabe que hacer, el miedo esta a punto de hacer que pierda el control, y el siempre ha sido cobarde, pero nunca ha sentido las piernas flojas, ni ese abandono de las fuerzas. Tras diez minutos salen dando voces, se cagan en la madre de un gilipollas al que van a machacar, casi se mea encima, bajan la escalera ya sin hablar, pero haciendo el ruido de una falange, como si los escalones estuvieran hechos para piernas mucho mas cortas.
Permanece sentado contra la pared intentando controlar los latidos y oír los ruidos. Tras diez minutos reúne fuerzas para pensar, intenta ponerse en pie pero descubre que una pierna se le ha dormido y siente millones de finísimas agujas clavadas en la planta del pie, lo mueve en el aire girándolo intentando no perder el equilibrio; esta claro que no han sido diez minutos. Baja cojeando hasta el descansillo, mira hacia dentro como si esa no fuera su casa. Decide entrar y el tiempo entonces comienza a acelerar, su cabeza le dice que no es probable que vuelvan tan rápido, pero su miedo le hace coger con torpeza todo aquello que cree que va a necesitar en su huida.











