lunes, 21 de enero de 2008


ENTRE DOS MUNDOS


En ese instante mágico que hay entre el sueño y la vigilia, cuando las ideas fluyen a todo trapo, es cuando mejor me siento. William Burroughs decía que era en ese momento cuando mejores ideas se le ocurrían, me lo imagino resistiendo al sueño y levantándose a fijar esos pensamientos. Yo por mi parte soy incapaz de no caer en brazos de morfeo y todo ese capital de mi genialidad se va por el desagüe hacia el sueño. Son momentos de gloria en los que las revelaciones casi se pueden tocar, ideas geniales, relatos fantásticos o inventos fabulosos que van a revolucionar el mundo.

Un día leí un artículo de un neurólogo que venía a decir que en ese momento se segregan unas endorfinas, que son las causantes de este bienestar, y que la mayoría de estas ideas no existen como las percibimos, y que con el día se esfuman.

¡Maldito neurólogo! Yo que siempre había creído que mi falta de genialidad se debía más bien a la pereza, al lujo que supone preferir dormirse. Me pregunto ¿le sucede esto a alguien mas?.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, no eres el único. Alguna vez lo he apuntado en una libreta, luchando con el sueño y el sopor, y le debo dar la razón al neurólogo: al día siguiente no eran tan buenas esas ideas...

Anónimo dijo...

No sé exactamente en qué momento me pasan esas cosas. Yo creo que lo mío es en sueños. He llegado a soñar historias perfectas, redondas, con su principio y su fin, y al despertar tan solo tengo la sensación de bienestar de haberlo conseguido, pero ni rastro da la idea principal.