sábado, 24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD IV

Aquel día lo pasé lampando por las calles, buscando algo que afanar, un descuido, un pequeño hurto con que poder satisfacer a la bestia. Al final determiné entrar en El Corte Ingles a probar suerte, en realidad era un hipercor, con tiendas y un hipermercado, los tíos lo mismo te venden un pollo que un colchón. Dentro del edificio me encaminé hacia la sección de ropa de cama, como había hecho en alguna otra ocasión, allí “ligué” una de esas bolsas de guardar edredones, es fácil, basta con cogerla de debajo del mostrador de pago de la sección, después de todo si lo haces con soltura nadie te dice nada, al fin y al cabo no es más que una bolsa vacía. Después seguí en dirección a la entrada del hiper, y en esas maquinas de sellar las bolsas sellé la mía, no sin antes haber metido mi abrigo dentro, y con buen cuidado de dejar un orificio lo suficientemente grande como para poder deslizar algo dentro, pero lo suficientemente estrecho como para que aparentemente la bolsa pareciese cerrada, según los cánones del sacro Corte Ingles, ese que tanto ha hecho por los yonkis sin saberlo, y por supuesto, sin quererlo.

Aunque también recuerdo la vez en que, a la carrera, me enganchó, ya en la calle, aquel “gorila” de seguridad, casi sin resuello me llevó a un sótano, y allí me interrogó sobre cómo había podido llegar a la calle sin que lo hubiesen advertido antes. Yo solía vestirme para la ocasión, con traje algunas veces, sería un chorizo, pero un chorizo elegante, no se lo iba a poner fácil. Después de relatarle cómo y por dónde les había burlado, él pasó a tomarse la venganza por la carrera que le había hecho darse, mirándome a los ojos me dio varios porrazos con la punta de la porra, con que si no, en la palma de la mano, de los tres “seguratas” que había en el sótano, solo la chica se salió, creo que le pareció mal, yo soporte el dolor eléctrico con toda la estoicidad de que fui capaz, y mirándole a los ojos le dije – por lo menos yo solo soy un chorizo-, ese fue el momento en que la chica abandonó el cuarto, creo que él "segurata" uno ni advirtió lo que le decía, el dos bajó la mirada. Me retuvieron media hora y me soltaron, en realidad casi fue una suerte, tal vez si hubiesen seguido el protocolo hubieran llamado a la policía, aunque el montante de lo “chorado” no pasaba de un simple hurto, de eso sabía cuidarme muy bien, pero antes de despedirme me condecoró con un salivazo en la cara y la advertencia de que si me volvía a ver por allí podía contar con que me metería, de rondón, algo que abultaría la bolsa por encima del simple hurto, por eso pasé un mes sin dejarme caer por allí.

Pero allí estaba de nuevo, con mi bolsa preparada en la sección de embutidos del hiper, deslizando lomos de Sánchez Romero Carvajal por el agujerito, estaba tranquilo, gracias al “tranquimacin” que me había metido media hora antes, el mostrador estaba a tope, habían echado el resto por la víspera de navidad, cargué lo menos quince lomos. Una vez calzados en la bolsa, muy derecho, fui caminando en dirección a la salida, para intentar flanquearla por el arco que hace saltar los “chivatos”, ya había comprobado que el lomo aún no los llevaba, o por lo menos no hasta ese momento, también confiaba en que el del centro de monitores estuviese dormido, o “bolinga” por las celebraciones, y que con tanta gente no me notaran. Pasé y el arco no sonó, gané el vestíbulo y bajé por las escaleras, hasta llegar a la puerta de salida del edificio. Ya casi me veía en el poblado cambiando lomos por “caballo”, a fin de cuentas a los gitanos solo les gusta más el jamón que el lomo, y este ya tenía el mercado asegurado.

Noté una presencia a mi espalda, un sentido que te avisa de lo que hay detrás, y que a veces, solo a veces, te engaña y eres tú mismo, pero ese mismo sentido pica mucho más cuando es otro, yo estaba ardiendo en ese momento, la sombra pegada a mi nuca no era yo, me tomo del codo y me dijo, -¿donde vas?-, estaba tan solo a dos pasos del último arco, solo a dos pasos de la calle, de nuevo al sótano, de nuevo a un paso de poder pasar una noche durmiendo, porque ya hacía muchos meses que no me “ponía” para disfrutar, lo hacía para dormir, poder ver a la familia sin rascarme continuamente como un mono, o mirar a todos lados como una gallina, para no cagarme encima en un descuido. Por mi cabeza pasó, que en el mejor de los casos me retendrían una o dos horas, y entonces adiós al efecto del Tranquimacin, y hola al “mono”, que aparecería de golpe con toda su cohorte de ayudantes, pero sobre todo con esa ansiedad del que se fumaría quince puros a la vez si le cupiesen en la boca.

Al girarme vi a un hombre de unos cincuenta, vestido de traje, enseguida deduje que era un encargado de la tienda, posiblemente un jefe de planta, o algo así, cuando estaba a punto de confesar la muerte de Manolete, el tío me dice-se le ha caído esto- y me tiende la mano con un billete de cinco mil, mi cara debió ser un poema, porque el tío muy serio me repitió,- se le ha caído-, estire la mano y cogí el billete, me lo guarde en el bolsillo totalmente desconcertado, y después de unos instantes eternos, me di la vuelta, bajé los tres o cuatro escalones que me separaban de la calle y al salir a la acera oigo que el tío me dice-¡Feliz navidad!-, al darme la vuelta y ver su cara comprendí que tal vez la navidad si que existe,-¡Feliz navidad!- le respondí.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

lunes, 12 de diciembre de 2011

VELLO PÚBICO

En una cena con amigos el sábado, terminamos hablando de algo que planteó Esoj Socseb, él es profesor de pedagogía terapéutica en el colegio de mi mujer. Él estaba preocupado por que pensaba que actualmente está habiendo una regresión en las nuevas generaciones con respecto al machismo, es decir, que actualmente los chicos y chicas de edad escolar tienen unas ideas sobre el machismo más "atrasadas" que las de sus padres, o por lo menos de su entorno a su misma edad.

Esoj nos contó que ante la pregunta de qué esperas hacer con tu vida en el futuro, una preocupante cantidad de chicas respondían que "pescar un marido rico", frente a ningún chico que dijese algo remotamente parecido.

Le respondimos a su preocupación con una batería de razones por las que no debía preocuparse en exceso:

La primera era la escasa relevancia de la muestra, al fin el tan solo lo había preguntado a sus alumnos y alumnas, de un colegio determinado, en un entorno socioeconómico determinado.

La segunda era que se trata de una respuesta estándar, de tono jocoso, que puede dar cualquier adolescente para no pensar demasiado ante una pregunta tan crucial, y por supuesto para no quedar en evidencia ante profesor y compañeros.

La tercera fue que si bien su preocupación era legítima y encomiable, tal vez fuese exagerada, puesto que la sociedad en su conjunto había experimentado cambios sustanciales en esta materia en la última centuria, todos teníamos muchos ejemplos en primera persona, de nuestras propias familias, para ilustrar este cambio social.

Hasta que otra asistente a la cena, también profesora de pedagogía terapéutica, puso en la conversación un elemento que revolucionó la conversación. Silvia nos contó que había visto varias veces en televisión reportajes sobre una curiosa práctica, un "alucinante servicio" ofrecido por salones de belleza a sus clientas, se trataba de la posibilidad de adornar el cuerpo de una mujer con los colores, nombre y logotipo de la empresa del marido/novio aprovechando el vello púbico de la mujer.

La conversación derivó entonces hacia la el actual statu quo de la cuestión machista en nuestra sociedad, porque algo tan bizarro es algo muy ilustrativo de hasta donde puede llegar una mujer actual por agradar a su hombre.

La disyuntiva estaba servida, habíamos avanzado realmente en la erradicación del machismo, o las conquistas eran victorias pirricas y en realidad aún subyace un "machismo de fondo" alimentado por la sociedad en su conjunto; y en el que la sumisión de las mujeres, incluso voluntaria, al agrado de su hombre era trasmitido inconscientemente por todos.

Yo en ese momento defendí que si bien no se podían negar los avances, la sociedad en su conjunto se rige por una serie de normas no escritas e interiorizadas por todos que hacen que no seamos del todo libres a la hora de educar y de actuar en sociedad.

En definitiva, introduje en la conversación una de las teorías del libro "El gen egoista" de Richard Dawkins ,la teoría del meme, que no es otra cosa que una idea que se trasmite en una sociedad generacionalmente y que incluso a nuestro pesar determina nuestro comportamiento social.

En esta charla de TED se explica mucho mejor el concepto de manera ampliada y como puede operar en nuestra sociedad e incluso contaminar otras sociedades.


Al final, saqué una cosa en claro, y es que siempre hay una avanzadilla intelectual que se preocupa de estas cosas y que trasforman el mundo en que vivimos casi inadvertidamente. En esta cena había media docena de profesores que se preocupaban de sus alumnos y de la sociedad en la que viven, incluso sin advertirlo, y que con el solo hecho de plantearse esto ya están trasformando el mundo, tal vez sin saberlo.

Me encantó hablar con Soje, Silvia, Chus,Isabel y Diana, y con sus "consortes" sobre este tema.