sábado, 16 de febrero de 2008


LA HUIDA III

La huida II
La huida I
Sale del portal, y mira a ambos lados de la calle, esta desierta, puede ser el día que menos gente ha visto en el transitado centro de Madrid. El corazón ya ha bajado de pulsaciones, pero todavía mantiene las suficientes para sostener la tensión. Piensa Cual sería la mejor vía de escape, hacia la plaza no, por ahí es como salir a campo abierto, lo mejor es callejear por detrás de la Gran Vía y cruzarla en otro punto. Lo mejor es subir por Luna hasta Desengaño y luego por esta hasta Valverde girar y cruzar por ahí la gran Vía.

Los pasos retumban con el calor y el silencio de este verano, ¿por qué se oirán mas los pasos en verano?, para amortiguarlos arquea las piernas e intenta pisar con el filo exterior de los zapatos, para que la suela no impacte plana contra el suelo, mira hacia atrás en cada esquina y piensa que tal vez no debería hacerlo, se ve a si mismo como en un viaje astral desde arriba, y piensa que su aspecto es el del perfecto fugitivo, con una bolsa al hombro, procurando no hacer ruido y mirando nervioso atrás. Le vienen a la cabeza imágenes del Tercer hombre. Ya está en San bernardo, apenas un taxi al fondo de la calle, cruza rápido para colarse por Luna y volver al cobijo de la sombra.

De momento no hay ni rastro de sus asaltantes, no han venido en moto, las hubiera oído, esos cacharros hacen un ruido infernal y esta noche parece que hasta se oiría un alfiler cayendo al suelo. No hace tanto calor, 32º es una exageración, como mucho 28º, que ya está bien. Esta calle es larga y con una cuesta arriba que va cediendo a medida que nos acercamos a la plaza, al desembocar en esta otra vez apenas dos yonkis, y una puta retirándose no sin antes invitarle con la mirada, por un momento piensa que tal vez sería el escondite ideal, pero enseguida desecha la idea. Hace un barrido con la vista, para ver si todo esta despejado y para encontrar un rincón donde ponerse un tiro discretamente, la cuesta le ha vuelto a acelerar las pulsaciones y el miedo todavía no ha desparecido del todo, ahora tiene una sensación de ansiedad que no sabe a que achacar, pero si sabe qué se la va a quitar.

Bajo los soportales se sienta en un escalón del escaparate de un comercio, apoya la cartera en la bolsa y vierte el polvo marrón sobre el cuero, lía un billete y de una sola aspiración el polvo entra haciendo su trabajo, en unos segundos el miedo, la ansiedad y el cansancio han desaparecido.

5 comentarios:

Paco Becerro dijo...

Gracias por linkarme, jaja. Acabo de ver a mi amiga Belén Burbujitas in RED, y estoy poniendome al día en tu blog, leyendo lo que odias (yo hice un post similar con las cosas que me ponen enfermo... ) y este relato con calles tan cercanas y conocidas por mi.

Un saludo.

Belén dijo...

bueno, veo que la huida se ha relajado, pero seguro que haces un giro inesperado, como si lo viera...

Besicos

Irreverens dijo...

¡Vamos fuertes!

¿polvo marrón? Qué desfasada estoy... creí que era blanco. ¿No se habrá confundido con el Cola-Cao?
:P

JOAKO dijo...

Bienvenido Futuro, espero que sigas el relato, hay dos partes mas en posts anteriores, leeré ese post de manias del que hablas, siempre me han gustado esas cosas en los demás, creo que dan una rápida pincelada de quien eres.

Belen, giro inesperado no se, pero ten por seguro que habrá festival.

Irreverens, no es coca, pero me alegra de que esa información no este en tu experiencia.


Un besazo a los tres

Anónimo dijo...

Uff, como se quede mucho rato ahí sentado lo pillan fijo. Joder, Joako, échale a correr de nuevo ya.