
Los debates son un género televisivo que ha ido mutando con los años, o por lo menos con mis años. Cuando era pequeño me quedaba fascinado por un programa de debate que se llamaba “la clave” de un periodista con barba y pipa (creo que fumaba en pipa) llamado José Luís Balbín.El programa molaba mucho, por la disposición de los que debatían, en dos filas, cómodamente sentados e iluminados por detrás, primero se ponía una película para ilustrar el tema y luego, con bastante tiempo, unos seis u ocho invitados hablaban del tema, muy a menudo había gente de otros países con traducción simultanea. Yo tendría por aquel entonces unos diez años, y claro, había temas muy áridos y otros sencillamente fuera de mi alcance, pero siempre que podía veía un rato.
El último formato que se ha hecho popular el la tele es el de 59” , no es que esté en contra de este programa, dios me libre, pero como su titulo anticipa los participantes no tienen mas que 59” para hablar antes de que, literalmente , el micrófono les desaparezca dejándolos mudos.
Entre estos dos formatos hemos visto de todo, variantes con larguísimos debates nocturnos con facciones claramente enfrentadas, con invitados de todo pelaje con cosas interesantes que decir, o que solo daban espectáculo, o incluso “el espectáculo”. Mesas diarias de debate con periodistas alineados, semialineados o dinamiteros. Los temas han variado entre lo político, lo social, y lo anecdótico.
Pero la tendencia clara es a un control casi total del contenido y del continente. Mi sensación es de que cada vez es mas previsible lo que se va a decir en estos espacios, antes incluso de que empiecen.
Esta era una larga introducción para hablar del debate, si, del debate que se avecina entre el presidente del gobierno y el líder de la oposición, ambos candidatos a las próximas elecciones por sus respectivas formaciones políticas.
En mi opinión la tendencia de la que he hablado antes va a llegar al paroxismo en este debate, todavía no se ha celebrado, pero se lo que va ha decir cada uno, y también estoy seguro de que se ha pactado, no solo el sitio de del debate, ¡todo!, ¡se habrá pactado todo!, la altura de las sillas, la disposición espacial, el ángulo de los planos, el color del decorado, el orden de entrada, el minutaje, la anchura/altura de las mesas, los planos de escucha (aquellos en los que se pone al que escucha no al que habla), y así hasta la nausea.
Espero que no se hayan pactado los temas.
En realidad, esto es una representación muy concentrada de la política española (si he dicho española, ¡seré intrépido!). Los ya decididos no cambiaran y se reafirmaran en sus posiciones, aunque su favorito se descalabré, los que no se sientan representados se pasaran el debate (porque lo verán, no lo dudéis) despotricando por la falta de representación de las distintas “sensibilidades políticas”. Los que no voten o realmente no les interese el tema no lo verán Pero todos, salvo que nos encerremos en lo mas profundo de la cueva de Montesinos o nos vallamos del país, seremos testigos de una algarabía sin limite en los “medios de comunicación” al día siguiente.
¿Será importante lo que digan? ¿Cómo lo digan? ¿Cómo de “telegenicos” sean? ¿la claridad de su discurso? ¿”Su palmito”?¿la habilidad de sus directores de campaña? ¿Su capacidad de síntesis?¿El brillo de sus dientes? ¿El aplomo de sus palabras? ¿DIRÁN ALGO?