
El otro día tuve una discusión en la que en un punto mi interlocutora dijo: "Entonces entre el fútbol y la vida, ¿qué es más importante?", hasta aquí llegamos tomando como punto de partida la necesidad que yo veía de preservar la red como una suerte de biblioteca de Alejandría, en la que el saber y la información está accesible a golpe de ratón para cualquiera que tenga conexión a Internet, y unos mínimos conocimientos de como funciona esto, es decir que sepa buscar.
Mi interlocutora era mi mujer, a la que considero, a pesar de que a veces mi vehemencia pueda sugerir lo contrario, como una de las personas más inteligentes y prácticas que he conocido.
Básicamente la linea que nos hizo llegar a ese punto fue, mi exposición de la necesidad de defender la libre difusión del conocimiento en la red, ahora que se está empezando a legislar para poner límites a el agujero de poder que se ha abierto en la sociedad de la información a través de la red. Decía yo que es necesario que el miedo de unos pocos no nos haga perder una herramienta que es fabulosa para todo y para todos. Estos pocos son los que han controlado el conocimiento desde siglos, y van desde los estados hasta los laboratorios farmacéuticos pasando por los autores, editores e interpretes o por las universidades, colegios profesionales...
La información y el conocimiento, según mi modo de entender la civilización, debe ser de toda la humanidad al completo, puesto que avanzaremos mucho más deprisa hacia cualquier objetivo compartiendo el conocimiento, y no restringiéndolo.
Pero resulta que nos están vendiendo una parte del razonamiento, y no el razonamiento completo, me explico, la red está "echando humo" por los intercambios de P2P y el pago de derechos de autor, como si esto fuese el centro de la polémica, y de esta forma desplazando el centro de esta polémica de donde realmente debe estar, que es en el conocimiento y en los derechos de explotación de este conocimiento, es decir la propiedad del conocimiento.
Yo no estoy en contra de que los generadores del conocimiento cobren por sus descubrimientos, o su producción de cualquier tipo, pero secularmente este conocimiento, que va de "La Macarena" a la cura del cáncer, tiene dueño.
Pues bien, resulta que solo hablamos de si "La Macarena" debe pagar mucho, poco, cuanto tiempo y a cuantas personas, físicas y jurídicas. Y de esta forma hacemos una reducción del asunto por un camino para mi equivocado. Imaginemos que en lugar de situar ahí el debate lo situamos en el otro extremo, en el de la cura del cáncer.
Un laboratorio farmacéutico, después de mucha inversión y de muchos años de trabajo,descubre un medicamento que cura un tipo de cáncer. Obviamente ha generado un conocimiento muy valioso que se apresura en patentar, comercializar, controlar, y lo hace con el mismo grupo de leyes que usaremos para regular este conocimiento y muchos otros.En nuestra mano está el que este conocimiento revierta en la humanidad de una manera "adecuada", o que sea legalmente patrimonio de ese laboratorio por 99 años y de tal manera que la cura para ese cáncer solo se pueda obtener previo pago del conocimiento, en forma de medicamento, y por las diferentes vías (en USA se paga "a pulso", en España a través de los pagos mensuales a la SS, y en otros países...).
Entiendo los peligros de universalizar el conocimiento, que tal vez pueda generar "un parón" en la investigación (si no es rentable, no se invierte en investigación),o en el interés por parte de muchos en generar obras de todo tipo, puesto que si se abarata el precio de una actividad los recursos destinados a esta serán inferiores y el interés en desarrollar estas actividades también.Es por esto por lo que básicamente estoy en contra de que el conocimiento se universalice sin regularlo debidamente, y sin retribuirlo justamente.
En este punto se hace necesario conocer la forma en como los humanos intercambiamos, es decir, en cuanto el conocimiento se convierte en mercancía, es muy importante comprender los mecanismos del intercambio para entender este mundo. La economía es "la ciencia" que se ocupa de la forma en como los humanos realizamos nuestros intercambios. He puesto economía entre comillas, porque yo creo que no es exactamente una ciencia, ya que está sujeta a la subjetividad de los actores, y sus reglas no siempre son fijas y fiables, como por ejemplo en ciencias más exactas como las matemáticas.
Fue en este punto en donde surgió la disparidad de criterio entre mi mujer y yo frente a un mercado concreto, el del fútbol como espectáculo de masas. Ella con muy buen criterio me planteó que no puede ser "moral" el que se gaste una determinada cantidad de dinero en el fichaje de un determinado jugador (pensábamos en Cristiano Ronaldo, por ser el más caro hasta la fecha)cuando hay aspectos de la realidad humana mucho más importantes en términos absolutos, como es el derecho a una vida digna, a una atención sanitaria, a que sean cubiertas unas condiciones mínimas sin tener en cuenta mercados.
Aquí es donde asomo la cabeza la discusión casi derivada en pelea, puesto que yo la acusé de ser una demagoga, puesto que al hacer una reducción absoluta de la discusión no solamente es muy difícil sostener "moralmente" los argumentos, si no que es, en mi opinión, una forma de "frenar" el razonamiento.
Volviendo al razonamiento, la actividad humana del intercambio ha de tener al menos dos características fundamentales, que el bien intercambiado sea escaso y que sea apreciado. Porque si no es escaso raramente se aprecia, por ejemplo el aire que respiramos es abundante, tanto que de momento a nadie se le ha ocurrido intentar venderlo como bien de consumo, por lo tanto es apreciado, pero no en términos económicos, o no por lo menos de manera directa.Y si la mercancia no es apreciada de nada sirve que sea escasa o abundante, en lo referente a su intercambio.
Una vez localizado este bien hay que ponerlo en relación con nuestra renta, es decir, dado que nuestros recursos, los expresemos en dinero o de cualquier otra forma, también son limitados (los de unos más que los de otros) debemos decidir a que dedicamos más recursos.
Yo creo que la cantidad de recursos sumados de cada una de las personas que se deciden por una mercancía, ya sea esta bien básico o no, son los que determinan un mercado, queramos nosotros o no, sea en términos absolutos esta mercancía "moral" o no.
Es decir, en este país, en este mundo, hay una determinada cantidad de gente dispuesta a gastar una determinada cantidad de recursos en "entretenerse, apasionarse, consumir" el espectáculo del fútbol, y es eso lo que determina, tanto el nivel del sueldo de los jugadores, como por poner otro ejemplo lo que pagarán las televisiones por retransmitir estos eventos de entretenimiento.
Volviendo al tema de inicio de mi discusión marital, dado que el conocimiento es una mercancía, dado que es el momento en el que se está replanteando la forma de asignar la propiedad y los derechos sobre esta mercancía, dado que los mercados no son "morales", simplemete son,hemos de ponernos manos a la obra e intentar que la regulación no excluya a nadie, y que sea lo suficientemente atractiva en términos económicos para que haya muchos dispuestos a trabajar en aumentar el conocimiento.
Como habréis observado he entrecomillado la palabra moral en todo el texto, y es porque la discusión siguió precisamente por esa dirección, es decir, nos enzarzamos en la clasificación de más o menos moral de muchos de los distintos mercados a los que se asignan los recursos, y porqué estos no son más regulados por los "poderes públicos" (que también entrecomillo). Pero es que si sigo por ahí el post me va a quedar kilométrico y nadie lo va a leer.
Entiendo que hay fallos en mi razonamiento, que está incompleto, y que daría para un libro que yo creo que debería escribir alguien con amplios conocimientos en derecho, sociología, psicología y economía.
Si has llegado hasta aquí, por favor dame tu opinión.





