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Pues estábamos en que había salido de la casa de gran hermano, y me había instalado en casa de mi madre, todas las mañanas me levantaba muy temprano y tenia el día completo dedicado a mi rehabilitación. Había que estar a las nueve con puntualidad marcial en la calle Martín de los Heros en Madrid, y seguir el programa de "actividades" diseñado por los terapeutas de la organización, a los que cariñosamente llamábamos "los gilipuertas", no por nada, solo por joder.
No os voy a aburrir con las rutinas de un día a día en proyecto hombre, que se pueden resumir en unas pocas palabras, confrontación,terapia de grupo, a limpiar, mas terapia de grupo, a comer, a limpiar, más terapia, mas limpieza y algunas actividades a veces impartidas, a veces perpetradas por voluntarios, a los que seguro que la vida ya les ha devuelto el favor, si no valla una mierda de equilibrio cósmico.
Hoy os quería hablar de una de estas actividades, un taller de escritura que estaba regentado por dos de estos voluntarios, se trata de Don Daniel y Don Álvaro.
Yo en cuanto me entere de que había un taller de escritura, no me lo pensé, y lo elegí entre otras opciones, sin dudar, puesto que a pesar de que casi ninguno de mis compañeros sabían quién era don Álvaro, yo ya sabia que era premio nacional de literatura (aún no era ni Planeta," dinerete", ni académico, "reconocimiento"...veis lo del equilibrio cósmico) y había leído "donde las mujeres".
El taller era muy sencillo, no hay que olvidar que eramos una panda de desheredados, o auto desheredados que en ocasiones apenas sabíamos escribir sin faltas de ortografía. Uno de los ejercicios consistía en decir una palabra cada uno y luego encajarlas en un texto, yo como no podía ser menos elegía, "Baldaquino", "esquinado", "sempiterno", "siluro" y otras lindezas, para fustigar a la concurrencia y de paso advertir a los demás de mi estupidez, y de mi poca distancia con las bravuconadas menos finas de algunos de mis compañeros, la marrullería de guante blanco Vamos.
Luego leíamos los textos, y Don Daniel y don Álvaro nos los comentaban, y también leían los suyos, los de don Álvaro eran siempre los más extraños, y SIEMPRE se las apañaba para encontrar algo positivo que destacar de cualquier texto, por limitado que fuese. Entre nuestra "promoción" se corrió la absurda?! idea de que Don Álvaro nos utilizaba como conejillos de indias en una suerte de búsqueda de historias que contar en sus libros, que solo yo había leído (solo uno) , idea a la que yo me oponía con la misma displicencia con la que les lanzaba mis "palabros" de "capullete" cósmico.
Al finalizar cada sesión, nos encomendaba una tarea, un texto libre, o con tema propuesto, para leer en la siguiente sesión. Benditos Don Álvaro y Don Daniel, conseguían hacerme pensar en otras cosas durante horas, y alejaban, ¿tal vez sin saberlo?, otros pensamientos mucho más dañinos.
En una ocasión, yo llevé un texto que trataba de la mañana de un tipo que se levantaba muy temprano, o se acostaba muy tarde, eso no estaba claro, y hacia un recorrido por Madrid, a pie, desde Atocha hasta La red de San Luis, donde cogía una "cunda". El texto estaba encriptado, aparentemente no pasaba nada, en realidad era una mañana de un yonki, no muy enganchado, que recorría la ciudad, paraba a tomar un café, a mear, describía la mañana justo antes de que la "gente normal" se despertase y acudiese a sus trabajos.
Una "Cunda" es un taxi ilegal conducido por un yonki, que traslada por un precio fijo a otros yonkis a los poblados desde el centro de la ciudad, pero no inicia el viaje hasta que el coche se llena, de ahí lo de "cunda" (que cunda), y en aquella época se cogian en la Red de San Luis, que para mas "INRI" ya no se llama así. Era la plaza que está justo en frente del final de la calle Fuencarral , y al principio de la calle Montera, en la Gran Vía Madrileña.
Don Álvaro me alabó mucho el texto, dijo que le recordaba a las películas de la "nouvelle vague" francesa, en las que aparentemente no pasaba nada, y luego me dijo que él tenía una poesía sobre La Red de San Luis, y la recitó.
Recientemente me he hecho con las poesías completas de Don Álvaro, y enseguida he encontrado esa poesía, y me he quedado helado, al comprobar que a pesar de mi estúpida actitud, intentando encriptar el texto, él lo había entendido mucho mejor de lo que yo nunca hubiera imaginado.
La poesía es esta:
VARIACIÓN FINAL
En la red de San Luis perdí la vida
recién sidas las cuatro de un desvelo
En los portales con la espalda hendida
cuaja la noche fina como un pelo
En la boca del alba sin balcones
se hizo cargo de mí la policía
y robaron mi sangre los ladrones
de los bancos de la comisaría
En la Red de San Luis me cachearon
y me clavaron con las mariposas
En la Red de San Luis me desnudaron
la identidad perdida entre otras cosas
Me transportaban cuatro generales
y en la Red de San Luis se atascó el duelo
lloraban reyes lágrimas reales
Hortera y Mártir fui derecho al cielo
Álvaro Pombo. VARIACIONES