viernes, 4 de marzo de 2011


EL LECHO DE PROCUSTO



Yo tengo un "procusto" en mi vida, y después de mucho pensarlo, de mucho analizarlo, llegue a la conclusión de que lo único que podía hacer para "robarle su poder" era dejar de ver y hablar con esa persona, unilateralmente.

Siguiendo la enseñanza de la saga de freddy Krueger, a esta persona solo podía "vencerla" negando su poder sobre mi, dándole la espalda e ignorándola. Es así como he conseguido que su influencia sobre mi desaparezca, y sobre "los míos" disminuya hasta donde siempre debió estar.

Esta persona tiene unos antecedentes que explican en parte su comportamiento, y eso era a lo que siempre apelé para seguir con la relación con ella, pero al final, como dice Mi mujer, lo importante de verdad es lo que se hace, no la intención con que se hace o la posible justificación de los actos.

Yo supongo que todos tenemos un procusto en nuestras vidas, que influye en nuestras vidas en proporción directa al parentesco que nos une, e inversa a la capacidad de negarlo que tengamos.

En todo caso yo he aprendido que no siempre se puede uno ganar con parabienes a alguien, porque basta un solo tropiezo, o incluso ninguno para que este tipo de persona te juzgue y condene.

Y también he aprendido que las enseñanzas pueden estar en casi cualquier sitio, incluso escondidas en una saga de terror de la serie "B".

Mis pequeños Padawans que la fuerza os acompañe.



6 comentarios:

Oddiseis dijo...

Tienes mucha razón. Yo también tengo un ejemplar de procusto, de una especie particularmente camaleónica y sibilina, dolorosamente cercano.

Sin ser consciente de ello, comencé a combatir su poder el día que aprendí a mentirle y empecé a respirar por mí mismo. Y ello me causó sentimientos encontrados; siempre sentí una fuerte culpabilidad pero al mismo tiempo he sido consciente de que soy todo lo que soy gracias a esa decisión y que volvería a hacerlo sin dudarlo.

Apartarme a un lado me dió la perspectiva suficiente para descubrir la hipocresía que se puede ocultar bajo los planteamientos mas amorosos. Y el tiempo no ha parado de confirmármelo. Pero es duro, muy duro, porque su huella, mala y buena, está impresa casi en cada cosa que soy o que hago. No me puedo desprender porque es parte de mí, pero al menos he aprendido a ver su verdadero rostro y cada vez menos poder tiene para mí.

Irreverens dijo...

Mmmm... a mí no me parece que tenga ninguno muy cerca. Pero voy a pensarlo bien, no sea que se me haya pasado por alto.
:)

En cualquier caso, cada día tengo más claro que el poco tiempo de que disponemos, debemos intentar pasarlo con personas que nos hacen bien. Punto pelota.

NoSurrender dijo...

Gracias a Dios, estoy en un momento en mi vida en que todo lo cercano es positivo, y no me siento condicionado. Pero si lo pienso un poco, en el trabajo siempre aparecen los Procustos que intentan adaptar la realidad a sus propios esquemas. En fin, habrá que jubilarse para evitar eso :)

Salud!

Joaquin dijo...

Yo muchas veces he pensado que soy mi propio procusto, pero no conocía este nombre ni el mito que lo inspiró, por eso, creo, vivía tratando de convencerme a mi mismo de que no había nada que hacer y que lo mejor era aceptarme con toda la caspa que me cae del pelo.
Pero ahora que sé que lo que me atacaba se llama procusto ya me quedo más tranquilo.

Saludos

Joaquin

JOAKO dijo...

Ulysses, creo que ambos sabemos lo difícil del asunto, y lo frustrante que puede llegar a ser.

Irre, suerte que tienes, tal vez por eso sabes elegir bien, o mejor deshacerte rápido de lastre.

NoSurrender, los del trabajo son Procustos de grado dos, son peores los del ámbito familiar, puro grado uno.

Joaquín, tal vez lo tuyo no sea un Procusto, la autoexigencia extrema creo que debe tener otro mito, seguro que lo tiene. En todo caso reflexiona sobre si en la balanza has sacado más o menos de esta actitud para contigo mismo.

Anónimo dijo...

Cuanta razón tienes, pido permiso para publicar tu artículo en mi blog citando a su autor claro está y colocando la web de su autor.