
Una mañana conocí a una chica en una conocida sala de conciertos y discoteca Madrileña, ”La riviera”, es extraño pensar que la conocí por la mañana, la disco estaba cerrada y estaba cerrada porque ese mismo día había un concierto de unos tipos que se llamaban “pigs, apes and spacemens” o algo parecido, y estábamos con las promos en lo camerinos.
Un amigo común nos presentó, ella se llamaba Bea y era la intrépida reportera de la Mítica revista de rock “Heavy rock”.
Era na criatura deliciosa, pequeña de talla y muy alegre, enseguida conectamos, y mi amigo, ella y yo comenzamos una relación a tres bandas un tanto especial, que se convirtió en un viaje que terminó mal para, al menos, dos de tres.
Siempre he pensado que contribuí a que ella se despeñase por un derrotero oscuro, al fin y al cabo yo era el mayor de los tres, pero en aquel entonces no pensaba que mis actos tenían consecuencias, y que no se puede meter a un ángel a competir en un mundo de semihombres que arrasaban con casi todo lo que se ponía por delante.
Bea además es un copycat, en cierto modo absorbía la actitud del que tenía al lado, y era capaz de convertirse en más dura y más resistente que cualquiera de nosotros, los semihombres. Esta característica me era sencillamente arrebatadora. Pero le confería una carga vampírica que dependía en exceso del que tenía a su lado. No era yo ese, yo estaba enfrente.
Ella aquella mañana, se decantó por mi amigo, he de decir en defensa de mi capacidad de seducción que me marcaron el territorio en el mismo momento en que me la presentaron, y yo fui siempre legendario por no interferir en las relaciones de cualquier amigo e incluso conocido, fue una de las pocas reglas que nunca traicioné. Además este marcaje llegó antes de que yo decidiese siquiera si me gustaba.
Seguimos un camino muy paralelo en aquellos años, vivimos juntos los tres un año, en mi casa, aquella casa de super-generación-X, aquella en la que el hijo, yo, no es que no se fue, es que se quedo solo, los que se largarón fueron los miembros de mi familia, y luego vivió intermitentemente con extraños compañeros, Bea fue la primera, la mejor meditada y la única a la que echo de menos.
Volviendo a la mañana en que nos conocimos, recuerdo sus ojos, grandes y redondos, y su media melena, su actitud de chica heavy con un toque de distinción, con una fuerza que se le salia por los poros, con un boli, una libreta y muchas ganas de entrar en un mundo musical por derecho propio, no como esas grupis ajadas que tantas veces vimos arrastrar su resacas desubicadas, como polillas en torno a luces no siempre tan luminosas.
¿Qué hubiera pasado si no hubiésemos tirado de ella aquel día?, quizás no se hubiera perdido con nosotros en el laberinto con el que nosotros coqueteábamos con la arrogancia de los que se creen inmortales, quizás ahora fuese una gran periodista musical, la más grande, la abdujimos a nuestro mundo, y entre mi desidia y la agresividad de mi amigo acabamos con el brillo de los ojos de Bea.
Casi todos los exadictos tenemos a alguien que se hecha la culpa de nuestra adicción, y a su vez nos creemos responsables de la adicción de al menos otro, sabemos que nadie cae en esto por merito ajeno (yo no he conocido a nadie), pero aún así, visceralmente, lo lamentamos.
Menos mal que llegado el momento, no sin apuros, consiguió remontar de la soledad en la que la sumimos, yo le oculté el alcance de mi adicción, no la advertí de los peligros, de donde estaba, le ocultaba mis consumos masivos, tras pequeños consumos en sus inicios de adicción, siempre fui dos pasos por delante y nunca me deje ver, eludí mi responsabilidad como apostata de su caída en el pozo.
“El pozo de la droga”, que cliché más sobado, pero que cierto, aunque ahora que lo pienso más que un pozo era una cueva, caliente y húmeda en la que nos escondíamos de todo.O por lo menos de muchas de las cosas que más importaban.
En el tiempo de nuestra convivencia en mi casa además también trabajamos juntos, el coctel era explosivo, afortunadamente se fueron a otra casa más acorde con su personalidad compartida y con sus aspiraciones bohemias, casa que Bea me abrió siempre que lo necesité y en donde pasé noches de catorce horas, en las cuales me escondía hasta físicamente de mi mismo en una pequeña habitación interior que me prestaba.
Ella ahora vive en Holanda, pasó por todo lo que yo pasé, rehabilitación en el "proyecto", tiempo de readaptación y de acostumbrarse a vivir con ese extraño en el que te conviertes al dejar la droga, y finálmete encontró a un hombre que le está dando buena vida y más de lo que nunca nosotros pudimos darle.
Pero para mi siempre será aquella chica alegre que conocí aquella mañana.

12 comentarios:
Qué entrada tan bonita, destila nostalgia pero con el brillo de esa mirada que describes dando fuerza...bufffff!!!...desde luego-y no sé si te lo has planteado-deberías escribir un relato contando todas las historias que metes en esa cajita de mierda que,al final,y paradójicamente,crea adición entre los que te leemos.
Un abrazo.
Un relato no sé, pero una compilación de relatos podría ser interesante. Vamos, ya lo es ahora, y no sólo para tí por lo que contaste de la cajita de mierda, sino también interesante para ser leído, y útil (que tampoco hacía falta, pero lo es). Pena que se quede sólo en el blog, bueno, tampoco es poco, y pena también que supongo que no contarás todo, por no perjudicar a terceros o ser mal interpretado o meterte en un lío (que esto de internet.. hay que tener ojo con lo que se escribe). De todas formas esta etiqueta tiene más sentido para tí que para los que te leemos, este post podría pertenecer tanto a la 'cajita de mierda' como a 'recuerdos'. Y si te pones, a 'poesías propias'.
Hola compañero! Me ha gustado mucho tu entrada. A veces da un poco de miedo darse cuenta de la influencia que tenemos en la vida de la gente (para bien y para mal). Por suerte, esta vez la historia acabó bien, y estoy seguro de que Beatriz, allá entre tulipanes, es ahora una persona más rica, más interesante y sin duda, más madura. Como tú ahora. Una de las paradojas de la vida es que la oscuridad puede llegar a ser el prólogo de la luz.
(Lo dejo ya, que me estoy poniendo trascendente).
Un abrazo.
Es curioso, recuerdo una charla que tuve con un conocido cocainómano y me relataba con pelos y señales la primera o primeras veces que tomó droga... con su propio hermano... y la rabia que le salía era estremecedora...
Me ha gustado, como siempre
Besicos
Siempre arrastramos mierda por donde vamos, a veces somos conscientes otras no
muakkkkkkkkkkkkk
love and hate, contradicciones, el predicador, la noche del cazador, una imagen estupenda para reflejar ese mundo.
Y sí, siempre será aquella chica, lo demás, ya pasó.
Y si...tal y como dices,Julián,me refería a un "libro", no a un sólo relato...que por cierto,para relato éste,que he vuelto a leer.
:D
Y entre tulipanes, orgullosa de que después de todo lo que hemos pasado, juntos y separados, sigamos aún unidos, a nuestra extraña manera. Mi amigo Joako renació de las cenizas y no dudó en ayudarme a renacer a mi. Nos perdimos y después nos encontramos. Siempre en mi corazón. Y hoy me encuestro con esto.. que me has hecho llorar, so berraco !
Un beso. Que te quiero.
Beita.
Me ha gustado mucho la historia, aunque refleje tanto sufrimiento.
Hoy no respondo por orden, entendereis que responda primero a Beita.
Beita, realmente pasamos muy buenos ratos, y ambos tuvimos la verguenza de "escondernos para mear" en nuestros peores tiempos, he tenido que hacer malabarismos para no hablar de terceras personas en este post, yo se, y creo que tu también que un hombre autentico afronta lo que hace, y no todos somos hombres, a mi nunca se me hubiera ocurrido poner un oceano de por medio para confesar mi adicción a mi familia, y mucho menos avandonarte a una suerte muy incierta, afortunadamente te has recuperado, y lo has heco gracias a ti misma, te mereces disfrutar de cada minuto de vida, te lo has ganado, y que sepas que yo estaré siempre a tu lado...para lo que necesites.
Rose, muchas gracias por tu elogio, no se si esta serie de posts da para tanto, en todo caso me alegro un montón de que gusten, a mi me sirven como conjuro de penas y recuerdos.
Joder, Julián, te contrato como agente literario ahora mismo, y si a veces no se que etiqueta poner la verdad.
Paco, te aseguro que la luz al final del tunel al principio es muuuy cegadora, tanto que cuesta mucho volver a una cierta normalidad (normalizar o normalización, decian los terapeutas de Proyecto hombre), pero al final se logra con las consecuencias que tan bien describes.
Belén, los principios son siempre luminosos, la hiel viene mucho después...
Bolero, y tu que lo digas...
Futuro, me alegra mucho que hayas cogido el detalle de la foto del "La noche del cazador", es una de mis pelis favoritas de todos los tiempos, además es una broma privada entre Bea y yo, creo que ella sabe porque.
Versi, y del final feliz, no me dices nada del final feliz...
Qué bonita suena la nostalgia cuando se pinta con palabras, ¿verdad?...
Como llego tarde, permitidme que salude directamente a Beita y le desee una buena vida.
:)
En cuanto a lo de que las personas nos influenciamos mutuamente... pues sí, claro. En todo y siempre. O nunca. Según se mire. Porque como tú mismo dices, Joako, cada uno cae en lo que cae (o no) porque ya lo está buscando o pidiendo de alguna forma.
[Y esto lo he escrito pensando en lo que yo he vivido.]
Besos
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