
El texto que a continuación reproduzco y comento fue publicado por el profesor Zygmunt Bauman en 2006 en su libro "Consuming Life" ("vida de consumo", Ed. Fondo de cultura económica).
El texto está en cursiva roja y mis comentarios en redonda verde.
Hay que tener en cuenta que el texto pertenece a un profesor de sociología y yo lo voy a utilizar para hacer comentarios en clave económica, a raíz de la crisis que estamos atravesando, pero para comprender las causas más profundas de la crisis, creo que hay que escarbar en la sociología, haciendo un paralelismo en el cual la Psicología se empareja con la Microeconomía y la Sociología con la Macroeconomía.
Solo recomiendo la lectura de este post a los que estén interesados en reflexiones sobre lo que está pasando en todo el mundo en claves económicas y sociológicas, los que no estéis interesados mejor que no os leáis este ladrillo.
La virtud fundamental de un miembro de la sociedad de consumo es su activa intervención en los mercados. Después de todo, cuando el "crecimiento" del producto bruto amenaza con desacelerarse, o lo que es peor, cuando se acerca a cero, es de los consumidores, con sus chequeras o, mejor aún, sus tarjetas de crédito, de quienes se espera que "hagan funcionar la economía", es a ellos a quienes se empuja o engatusa para sacar al país de la recesión".
Es impresionante la precisión de este párrafo, estoy seguro de que todos habéis oído recientemente llamamientos por parte de los gobiernos y de las instituciones financieras al consumo como salida a la crisis.
Esas esperanzas y esos embustes sólo tienen sentido, claro, si son dirigidos a personas con cuentas bancarias abultadas y un buen mazo de tarjetas de crédito, personas "dignas de crédito" a quienes "los bancos atentos" escuchan y "los bancos sonrientes" sonrien, esas personas a quienes "los bancos a los que les gusta decir que si" les dicen que si. No es de extrañar entonces que la tarea de hacer que los miembros de la sociedad sean dignos de crédito y se muestren deseosos de hecer uso de él hasta el límite que les ha ofrecido se haya convertido en una empresa nacional que encabeza la lista de obligaciones patrióticas y esfuerzos de socialización. En el Reino Unido, vivir a crédito y endeudado se ha convertido en parte del currículum nacional, diseñado, refrendado y subsidiado por el gobierno. Los estudientes de educación superior, la futura "élite del consumo" y por tanto la parte de la nación que promete más beneficios para la economía consumista en los próximos años, pasan entre tres y cinco años de capacitación-obligatiria en todo sentido menos formalmente- en los usos y las constumbres de vivir de prestado y pedir dinero. Se espera que la vida a crédito obligada dure lo suficiente como para convertirse en hábito, borrando la idea de crédito de consumo todo vestigio remanente de oprobio (noción que venía de las libretas de ahorro de la sociedad de productores). Lo suficiente para que la idea de la deuda impagada sea una buena estrategia de vida, que merece ser elevada al rango de "opción razonable", ser parte del "sentido común" y convertirse en un sabio axioma de vida incuestionable. Lo suficiente, por cierto, para transformar ese "vivir a crédito" y darle una segunda naturaleza.
Realmente la estrategia seguida no se si es "premeditada" por parte del poder (político, económico, financiero...), de lo que si estoy convencido es de que ha sido ampliamente adoptada por la población de los países desarrollados, por una parte muy importante de su población. ¿quién de los que me lean pueden decir que si ponen en su balanza deudas de un lado y activos y patrimonio en el otro, el saldo es positivo?, pensadlo, haced el cálculo.
Para mis abuelos era motivo de vergüenza el tener deudas, para mi es algo "natural".
Esa "segunda naturaleza" puede llegar velozmente de la mano del entrenamiento patrocinado por el gobierno. La inmunidad contra los "desastres naturales" y otros "reveses del destino", sin embargo, no está incluida en el paquete. Para el beneplácito de los mercados y los políticos por igual, los jovenes, hombres y mujeres habrán alcanzado la categoría de "consumidores serios" mucho antes de empezar a ganarse la vida, pues alguien de veinte años hoy puede obtener un manojo de terjetas de crédito sin la menor dificultad. Y no es extraño, si consideramos que el desafío de convertirse en un producto bien cotizado, una tarea que demanda dinero y más dinero, es precondición para ser admitido en el "mercado laboral". Pero la reciente investigación llevada a cabo bajo el auspicio conjunto de la financial services authority y la universidad de Bristol descubrió que la generación entre 18 y 40 años(vale decir, la primera generación adulta que se ha criado y madurado por completo en la sociedad de consumo) es incapaz de enfrentar o acumular algo por encima del "alarmantemente bajo" nivel de sus ahorros: Sólo el 30% de los individuos de esa generación habían apartado algo de dinero para futuras compras, mientras que el 42% no había hecho planes para su retiro, y el 24% de los jóvenes (si bien sólo el 11% de los mayores de 50 años y el 6% de los mayores de 60) tenían actualmente sus cuentas bancarias en rojo (Véase Patrick collison "study reveals financial crisis of the 18-40´s" en Guardian, 28 de marzo de 2006.).
Hemos sido entrenados en esta nueva "forma de comportarse", consciente o inconscientemente hemos adoptado una manera de manejarnos que el sentido común aborrece, en realidad el hecho de que un individuo esté endeudado no es mucho, pero si el porcentaje de los endeudados crece hasta el infinito, el sentido común nos dice que es imposible que no se presenten problemas.
Esa vida a crédito, en deuda y sin ahorros, es un modo correcto y apropiado de conducir los asuntos humanos en todos los estratos, tanto en las políticas de vida individuales como en las políticas de estado, y ha sido, por así decirlo, "oficializado" por la autoridad que tienen las más exitosas y maduras de las actuales sociedades de consumo. Los Estados Unidos de Norteamérica, ostensiblemente la economía más poderosa del mundo, modelo a seguir por todos los habitantes del globo que busquen la versión consumada de una vida gratificante y placentera, está más endeudado que ningún otro país en la história. Paul Krugman señala que "el año pasado los Estados Unidos gastaron un 57% más de lo que ganaron en los mercados mundiales", y se pregunta "¿cómo hacen los estadounidenses para vivir más allá de sus recursos?", a lo que responde "acumulando deudas con Japón, China y los países petroleros de Medio Oriente"( Véase Paul Krugman, "Deep in debte, and denying it", en International Herald tribune, !4 de febrero de 2006). Los gobernantes y ciudadanos de Estados Unidos son adictos al (y dependientes del) dinero importado y al petróleo importado. El déficit del presupuesto federal de 300 mil millones de dólares fue recientemente celebrado por la Casa Blanca como mitivo de orgullo sólo porque representaba una reducción de unos cientos de millones respecto de la millonada del año anterior (un cálculo, además, que seguramente demostraría ser falso antes de terminar el año fiscal). los prestamos tomados por el estado , al igual que los de los consumidores, son para financiar el consumo, no la inversión. El dinero importado que tarde o temprano habrá que devolver (aunque la administración actual logre posponer el pago "ad calendas graecas") no se gasta en financiar inversiones potencialmente rentables, sino en sostener el boom del consumo y por lo tanto el "buen humor" del electorado, y en financiar el creciente déficit federal, exacerbado como está (a pesar de los recortes cada vez más severos en las áreas sociales) por las continuas reducciones de impuestos para los ricos.
Pero es que la cosa no acaba en los individuos, ni en la sociedad en su conjunto, sino que "sigue" por los países más importantes, aquellos en los que nos miramos, los que son el paradigma del éxito, la deuda es la base de nuestra economía, occidente descansa en una inmensa deuda. Recuerdo que el texto fue publicado en 2006.
Las "reducciones de impuestos para los ricos" no son -o al menos no son las únicas- recetas para hacer felices a los ricos y poderosos, o para pagar las deudas asumidas por los políticos en el calor de las costosísismas batallas electorales. No alcanzan para explicar la tendencia congénita de los políticos a aplicar reducciones de impuestos, políticos que preovienen en su mayoría de las filas de los propios ricos (cuyo exponente más notorio y publicitado, aunque en vano, es el patrocinio de la compañía Haliburton que realiza el vicepresidente cheney, empresa que presidió antes de llegar al gobierno y cuya dirección espera reasumir cuando llegue a termino de sus funciones), ni tampoco alcanzan para explicar la corruptibilidad de los políticos surgidos de estratos sociales más bajos que no pudieron resistir la tentación de transformar su éxito político, transitorio por naturaleza, en un bien económico más duradero y confiable.
Y para colmo el sistema político descansa sobre la condescendencia hacia los que más tienen, se retroalimenta con su "propia gente" y abduce a los políticos que no provienen de sus filas, con lo cual el circulo se cierra para que siempre "manden" los mismos, y si no lo hacen, no importa, ya les convertiremos en "uno de los nuestros". Me abstendré de poner ejemplos de esto último, seguro que en la mente de todos hay ejemplos muy actuales.
Permitidme un inciso para hacer ver que la compañía Haliburton es una de las tres que están "a la greña" en el triste vertido de crudo en el golfo de México. Además de todos esos factores, que por cierto han desempeñado su rol en el surgimiento y mantenimiento de la actual tendencia, el hecho de reducir los impuestos a la riqueza es parte integral de una tendencia a dejar de aplicar los impuestos sobre los ingresos, base "natural" de los gravámenes en la sociedad de productores, para volcarlos sobre los gastos, una base igualmente "natural" en una sociedad de consumidores. Es ahora la actividad del consumidor, no la del productor, la que supuestamente proporciona la interfase necesaria entre los individuos y la sociedad en su conjunto. Hoy, la capacidad como consumidor, no como productor, es principalmente la que define el status del cuidadano. Es por lo tanto apropiado y pertinente, tanto en lo material como en lo simbólico, reenfocar la interacción entre derechos y obligaciones, que tan a menudo nos recuerdan a la hora de aplicar y cobrar impuestos, en las soberanas elecciones del consumidor.
¿cuándo ha pasado esto? ¿cómo no nos dimos cuenta? resulta que ahora la mayor parte de los recursos utilizados por los países provienen de este tipo de impuestos directos que paga en casi igual cuantía el rico que el pobre. ¿por qué no se alzaron voces cuando desmantelamos los impuestos sobre patrimonios o sobre sucesiones? nos creímos ricos por poseer un piso que en 15 años dobló o triplico su precio en el mercado y pensamos que estos impuestos directos y progresivos nos perjudicaban.
A diferencia de los impuestos sobre los ingresos, el impuesto al valor agregado (IVA) pone en la mira la libertad de elección (del consumidor), que en el sentido común de la sociedad de consumidores define el significado de la soberanía individual y los derechos humanos, y que los gobiernos de las sociedades de consumo esgrimen como el tipo de servicio cuya prestación proporciona toda la legitimidad necesaria para validar el poder que estos gobiernos necesitan.
Y en definitiva la cuadratura del circulo es hacer pasar por "libertad" lo que es consumo, "la libertad de la elección del consumidor" como paradigma del bienestar, de "la soberanía individual" y nada menos que de los "derechos humanos", si nos paramos a pensar lo que les "lamentamos" a los que están "fuera de los derechos humanos" es su baja capacidad de consumo, de elección de todas aquellas cosas que nos confieren el bienestar y la soberanía sobre nuestras vida, el poder de elección de un champú, de unas vacaciones, de una educación, de una sanidad, de una..."vida de consumo"
Por último, la lectura de este texto "adelantado" a la crisis, hace ver desde el punto de vista económico que las prácticas que nos están haciendo caer en un abismo de crisis están en realidad íntimamente ligadas a nuestra manera de actuar, los mercados financieros no han inventado nada, solo han desarrollado las mismas prácticas que están en la misma base de nuestra sociedad, y es por eso por lo que o cambiamos esta base, o estaremos condenados a repetirnos hasta que una crisis que colapse el mundo nos obligue a tomar por la fuerza lo que no estamos dispuestos a hacer "por las buenas".