
Este es uno de mis cuadros favoritos del Prado, lo cual es decir mucho, puesto que a pesar de haber ido en innumerables ocasiones a esta pinacoteca, siempre se encuentran cosas nuevas, y más ahora con la ampliación.
Este cuadro me gusta especialmente porque me parece como encontrar un reloj en la muñeca de un templario, es decir no debería estar allí, en el 1830 no se pintaba eso. Y tendrán que pasar muchos años para ver algo similar.
La cabeza del perro ocupa un uno por ciento del cuadro, pero aún así lo vemos y se convierte en el principal punto desde el que se observa la tela.
Si la tela, puesto que a pesar de que Goya lo pintó al oleo en las paredes de su casa en Madrid, "la quinta del sordo”, casa que heredo su nieto, y que posteriormente y tras pasar por varias manos termino siendo propiedad de un tratante, que "cambió" las pinturas de las paredes a telas para venderlas en la exposición universal de parís de finales del siglo XIX. No consiguió venderlas, y afortunadamente, terminó vendiéndolas al estado español.
Pues bien, esa cabeza nos absorbe la visión y nos transmite una sensación de soledad que se ve reforzada con la expresión del perro, el perro parece "un perro apaleado", mira suplicante hacia arriba, hacia ¿el amo? que suponemos fuera del cuadro. El colorido (en la foto no se aprecia bien) cubre toda una gama de ocres, con una línea diagonal que separa el conjunto en dos partes muy desiguales, aplastando la cabeza del perro en el cuarto inferior del cuadro, da la sensación de estar en una playa o en un campo arrasado, árido, todo en este cuadro potencia la desolación.
Goya se sitúa y nos sitúa como observadores fuera del cuadro, pero de frente, es decir no tenemos escapatoria a la hora de mirarlo.
Goya las pintó en muy poco tiempo y “ocultas” al público, en un autentico ejercicio “puro” de pintor, solo los más allegados podrían verlas al estar en su casa. Evidentemente no fueron concebidas como algo que “vender” o que “mostrar”.
Las demás pinturas de la serie son igualmente desoladoras, algunas abundan en la temática recurrente en Goya (sobre todo en gravados) de los “malos sueños” que dibujan un estado de ánimo personal que traslada a la situación del país entero, que acaba de salir de una guerra y enfrenta la época que en la actualidad se conoce como “la década ominosa”.
En el resto de la serie Goya pinta visiones aterradoras, “Saturno devorando a su hijo”, “Duelo a garrotazos”, “La peregrinación a San Isidro”…



Pero a mi entender es en este cuadro donde, precisamente por la economía de elementos, Goya llega a la cumbre de la “explicación” de sus sentidos, sensibilidades y sentimientos.
¿Qué opináis?





