Ayer en el blog de una "ciberamiga" leí una entrada consistente en extractos de un libro que ella estaba leyendo, los extractos eran pequeñas píldoras que quitados de su contexto, es decir el libro que los contenía, a mi me parecía que decían lo contrario de lo que el autor del libro parece querer contar el él.
Me quejé en los comentarios de que el autor parecía una plañidera llena de ideas preconcebidas sobre la sociedad y le "taché de historicista".
Hoy me he propuesto reflexionar sobre la manera que tenemos de utilizar textos ajenos, de como al aislar un "texto" de su "contexto" podemos alterar la percepción de lo que el autor del mismo quería decir.
Para ello me valdré del libro que ahora mismo estoy leyendo, y del que a continuación os pongo un primer extracto demoledor, en el cual podríamos pensar que Zygmunt Bauman (actual Premio Príncipe de Asturias de Humanidades) es un autentico "Nazi", pero nada más alejado de la realidad.
"Los pobres de la sociedad de consumidores son absolutamente inutiles.Los miembros normales y dignos de la sociedad (consumidores de buena fe) no les piden nada ni esperan nada de ellos. Nadie (es decir, nadie que sea tomado en cuenta realmente, cuya voz sea atendida) los necesita. Para ellos, tolerancia cero.La sociedad estaría mucho mejor si los pobres quemaran sus naves y se los dejara morir en ellas. Se viviria mucho mejor y más placenteramente en un mundo en el que ellos no estuvieran. Los pobres no son necesarios, y por tanto son indeseables."
A la vista de este texto podríamos creer que el mensaje del todo que encierra este extracto es otro completamente contrario al real.
Y ese es el peligro de las "citas", o de los "Intertextualizados" y si a esto le añadimos el nombre de una ilustre celebridad, pues nos podemos "llevar el gato al agua" en casi cualquier razonamiento.
Si a alguien le interesa lo que de verdad quiere decir Bauman, que siga leyendo el resto del texto, porque es escalofriante:
"Los sufrimientos de los pobres contemporáneos, los pobres de la sociedad de consumidores, no hacen causa común. cada consumidor fallado se lame las heridas en soledad, en el mejor de los casos en compañía de su familia, si es que aún no se disolvió. Los consumidores fallados son solitarios, y cuando se los deja en soledad durante mucho tiempo tienden a convertirse en personas que prefieren estar solas: ya no creen en la sociedad o algún grupo social (salvo una pandilla criminal) puedan ayudarlas, ya no esperan ayuda, ya no creen que su suerte pueda cambiar legalmente, salvo ganando la lotería.
Innecesarios, indeseables, abandonados...¿qué lugar les toca? La respuesta más concisa es: fuera de la vista. Primero hay que sacarlos de la calle y de los otros lugares públicos que usamos nosotros, los residentes legítimos del valiente mundo consumista. Si por azar se trata de recién llegados y sus permisos de residencia no están en perfecto orden, podemos deportarlos más allá de nuestras fronteras, expulsandolos físicamente del universo de protecciones legales debidas a quienes gozan de derechos humanos. si no se encuentra una excusa para deportarlos, se los puede encerrar en cárceles lejanas o en campos de refugiados, casi siempre en lugares semejantes al desierto de Arizona, barcos anclados lejos de las rutas de navegación o prisiones de alta tecnología, totalmente automatizadas, donde no ven a nadie y donde nadie, ni siquiera un carcelero, los verá de frente y cara a cara con mucha frecuencia.
Para agravar aún más el el aislamiento físico, se lo puede reforzar con el aislamiento mental, que destierra al pobre del universo de la empatía moral. Los pobres, además de ser desterrados de las calles, también pueden ser desterrados de la comunidad humana reconocible: del mundo de los deberes éticos. Esto se consigue reescribiendo sus historias en el idioma de la perversión y no en el de la privación. se suele describir a los pobres como personas negligentes, pecaminosas y carentes de principios morales. Los medios cooperan de buena gana con la policía para presentar al público hambriento de sensaciones los retratos morbosos de los "elementos criminales", entregados al delito, a las drogas y la promiscuidad sexual, que buscan refugio en la oscuridad de de sus temibles guaridas y sus callejones sombríos. Siempre que se detecta y se hace pública un fallo en el orden habitual, los pobres pasan a ser los "sospechosos de siempre" destinados a apaciguar el clamor popular. Y de esa manera se deja claro que el tema de la pobreza es, en primer lugar y ante todo, tal vez exclusivamente, un tema que atañe a la ley y el orden, y que debemos responder a él tal como respondemos a otras instancias de transgresión de la ley.
Excluidos de la comunidad humana, excluidos de la consideración pública. Cuando esto ocurre, ya sabemos cómo sigue. Cunde la tentación de librarse por completo del fenómeno que se ha convertido en pura molestia, sin redención, ni siquiera mitigado por alguna consideración ética que pudiera deberse a otro sufriente y herido. La tentación es eliminar un manchón del paisaje, borrar la suciedad del lienzo impoluto de un mundo ordenado y una sociedad normal.
Alain Finkielkraunt (L´Humanite perdue. Essau sur le XX siecle, Paris, Seuil, 1996, trad. Esp. "la humanidad perdida. ensayo sobre el siglo XX, Barcelona, Anagrama,1998) nos recuerda lo que puede ocurrir cuando se silencian las condiciones éticas, cuando se extingue toda empatía y se derriban las barreras morales:
"La violencia nazi no se produjo por gusto, sino por obligación, no por sadismo sino por virtud, no placentera sino metódicamente, no por salvajes impulsos desatados y abandono de todo escrúpulo, sino en nombre de valores superiores, con competencia profesional y sin perder de vista en ningún momento la tarea a realizar"
Quiero agregar que esa violencia se produjo en medio del ensordecedor silencio de gente que creía ser decente y ética, y sin embargo no entendía por qué las víctimas de la violencia, que mucho tiempo antes habían dejado de ser consideradas miembros de la familia humana, eran merecedoras de su empatía moral y de su compasión. Parafraseando a Gregory Bateson, una vez que la pérdida de la comunidad moral se combina con la tecnología avanzada que permite resolver cualquier cosa como como si fuera un problema irritante, "nuestras posibilidades de supervivencia serán iguales que las de un muñeco de nieve en el infierno". Una vez combinadas con la indiferencia moral, las soluciones racionales de los problemas humanos se convierten en una mezcla explosiva.
En esa explosión perecen muchos seres humanos, aunque la víctima más notable es la humanidad de aquellos que escaparon a la perdición"
Por último decir que en este texto Bauman también "Intertextualiza" y "parafrasea", haríamos bien en fijarnos como lo hace, sin traicionar, ni dejar al equivoco la intención del autor del texto o concepto utilizado.
Un abrazo a todos







